Mat 5:8 "Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios."
Para Dios, nuestro corazón es más importante que cualquier otra cosa. Una buena conducta sin un corazón limpio no sirve de nada. Hacer las cosas que a Dios le agradan, o que creemos que le agradan, pero solo para quedar bien, no tiene mérito alguno. Por eso vemos que alguien como David es conocido por su integridad y su devoción, a pesar de que su conducta no siempre fue intachable. Lo que hacía de David un hombre del agrado de Dios era su amor y su disposición a rendirse y obedecer. Vemos un ejemplo de ello en estos versículos:
Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos.Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.
Salmo 139:23-24
Hoy en día, la palabra religión se ha vuelto despectiva. Una ofensa común es decir que alguien es un “religioso”. Creo que eso se debe a que muchos cristianos no son de limpio corazón y con su doble moral dan mala reputación a nuestra fe. En tiempos de Jesús eran los fariseos quienes aparentaban ser fieles cumplidores de las Escrituras, pero por dentro carecían de amor. Jesús, que pasaba el día rodeado de pecadores de todo tipo, no repudiaba a nadie, excepto a los fariseos. Vemos cómo los describe en Mateo 23, como insensatos, ciegos e hipócritas. Constantemente les recuerda a sus discípulos que el problema con el pecado no es hacer o dejar de hacer cosas, sino tener una conciencia purificada.
Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.
Marcos 7:21-23
Los fariseos, y los “religiosos” en general, se fijan en las apariencias externas, en el milagro, en la profecía, en la doctrina, en las formalidades. Pero si todas esas cosas aparentemente tan correctas e importantes, no provienen de una devoción sincera, de una relación con Dios desde la intimidad de nuestro ser, son inútiles, y muchos notarán la hipocresía de lo que profesamos. No nos engañemos. Si en la Biblia se nos habla de los fariseos, es para prevenirnos a todos. No es para señalarlos con el dedo, sino para que nos cuidemos, porque todos podemos caer en esa falsa religiosidad sin darnos cuenta. La Biblia también habla de la verdadera religión, porque después de todo, “religión” no es una mala palabra. Santiago 1:27 nos habla de una religión limpia, sin contaminación, una descripción muy apropiada de una fe que se expresa desde un corazón puro y limpio.
Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? «Yo, el SEÑOR, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras.»
Jeremías 17:9-10
Así que el primer paso importante para alcanzar un corazón limpio es sincerarnos ante Dios y nosotros mismos. Ya hemos visto que el pecado nos daña y destruye nuestra comunión con Dios. El cristiano que busca un limpio corazón no oculta ni disimula su pecado, es transparente. No rechaza el consejo ni el perdón. No siempre esto significa una confesión pública, aunque en muchos casos es apropiado hablar con una o varias personas: para pedir ayuda específica sobre cómo cambiar una conducta pecaminosa, si debemos pedir perdón a alguien cercano a quien hicimos daño, o simplemente queremos dar un testimonio que dé esperanza a terceros.
Yo les daré un corazón íntegro, y pondré en ellos un espíritu renovado. Les arrancaré el corazón de piedra que ahora tienen, y pondré en ellos un corazón de carne, para que cumplan mis decretos y pongan en práctica mis leyes. Entonces ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios.
Ezequiel 11:19-20
El segundo paso lógico que debemos dar es la búsqueda constante de santidad. Un tema poco popular y a veces mal entendido. Repetimos, no se trata de la apariencia de santidad, sino de una conciencia que constantemente se mira en el espejo de la Palabra de Dios y poco a poco va haciendo lo necesario para vivir de acuerdo con lo que está delante de sus ojos. Orar, leer la Biblia, buscar la confraternidad con otros cristianos fieles (y hacemos énfasis en fieles, porque lamentablemente hay muchos que no lo son), nos van a ayudar en el proceso permanente de limpiar el corazón.
La promesa para esta bienaventuranza es hermosa: veremos a Dios. Pero no solo en el futuro, cuando lleguemos a la meta, que es el cielo. Veremos a Dios en su Palabra, lo veremos caminando a nuestro lado día a día, veremos su Espíritu Santo ayudándonos en circunstancias difíciles. Veremos la gracia de Dios en nuestras relaciones con los demás, veremos la paz de Dios cuidando nuestros pensamientos, veremos las promesas de Dios cumpliéndose una y otra vez.
Salmo 86
Atiéndeme, SEÑOR; respóndeme, pues pobre soy y estoy necesitado.Presérvame la vida, pues te soy fiel. Tú eres mi Dios, y en ti confío; ¡salva a tu siervo!
Compadécete, Señor, de mí, porque a ti clamo todo el día.
Reconforta el espíritu de tu siervo, porque a ti, Señor, elevo mi alma.
Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan.
Presta oído, SEÑOR, a mi oración; atiende a la voz de mi clamor.
En el día de mi angustia te invoco, porque tú me respondes.
No hay, SEÑOR, entre los dioses otro como tú, ni hay obras semejantes a las tuyas.
Todas las naciones que has creado vendrán, Señor, y ante ti se postrarán y glorificarán tu nombre.
Porque tú eres grande y haces maravillas; ¡sólo tú eres Dios!
Instrúyeme, SEÑOR, en tu camino para conducirme con fidelidad. Dame integridad de corazón para temer tu nombre.
Señor mi Dios, con todo el corazón te alabaré, y por siempre glorificaré tu nombre.
Porque grande es tu amor por mí: me has librado de caer en el sepulcro.
Gente altanera me ataca, oh Dios; una banda de asesinos procura matarme. ¡Son gente que no te toma en cuenta!
Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y grande en amor y verdad.
Vuélvete hacia mí, y tenme compasión; concédele tu fuerza a este siervo tuyo. ¡Salva a tu hijo fiel!
Dame una muestra de tu amor, para que mis enemigos la vean y se avergüencen, porque tú, SEÑOR, me has brindado ayuda y consuelo.
