viernes, 9 de agosto de 2013 | By: Unknown

Gracia transformadora

Acá están mis apuntes de ayer en la reunión de mi iglesia. El título de la clase fue “Gracia que obliga la transformación”, y hace alusión al hecho de que, mientras más entendemos la gracia de Dios, más difícil es permanecer indiferentes. La gracia de Dios nos transforma cada vez más. 

“Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”  Romanos 8:29


Ese es el propósito de Dios para nosotros: transformarnos a la imagen de Cristo. Eso no va a ocurrir de la noche a la mañana, pero si decidimos someternos a la guía del Espíritu Santo, los cambios irán sucediendo progresivamente. Esa es la esperanza de quienes tenemos fe.


“Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia.”  Romanos 6:14


¿En qué momento pierde el pecado su poder sobre nosotros? La respuesta está en Romanos 6:1-7: El bautismo nos une a Cristo, morimos y resucitamos con él. Pero el legalismo nos impide comprender la gracia. A algunos los llena de arrogancia por creerse superiores a otros. Al resto les roba la esperanza y los llena de frustración. (Rom 5:20-21). Al ser revestidos del poder del Espíritu Santo, quedamos libres del poder del pecado y podemos vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. (Rom 7:6). La fe nos mantiene firmes (Rom 5:2) Ya no tenemos que obedecer al pecado (Rom 8:1-2). 


“Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu.” 2 Corintios 3:18


Los que decidimos vivir bajo la guía del Espíritu Santo somos transformados y reflejamos la gloria del Señor. Es una decisión del cristiano: despojarse del pecado y revestirse de santidad. Pero quien opera la transformación en nosotros es Dios (Efesios 4:22-24).


El Espíritu Santo nos provee de todo lo necesario para vivir según la voluntad de Dios (2 Corintios 9:8). El primer paso es reconocer nuestra propia debilidad delante del Señor. Somos incapaces de vivir en nuestras propias fuerzas, necesitamos de la gracia de Dios para vivir (2 Corintios 12:9). Dios da gracia a quienes se entregan con confianza y humildad a la guía de su Espíritu  (Santiago 4:6).


“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo.”  1 Corintios 15:10. 



¿Quién hace el trabajo, Dios o yo? El efecto de la gracia de Dios es una vida fructífera, pero en todo es Cristo quien nos guía.


“He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.» Gálatas 2:20-21


0 comentarios:

Publicar un comentario