domingo, 22 de septiembre de 2013 | By: Unknown

Los obstáculos de la fe



De cada pueblo salía gente para ver a Jesús, y cuando se reunió una gran multitud, él les contó esta parábola:
«Un sembrador salió a sembrar. Al esparcir la semilla, una parte cayó junto al camino; fue pisoteada, y los pájaros se la comieron. Otra parte cayó sobre las piedras y, cuando brotó, las plantas se secaron por falta de humedad. Otra parte cayó entre espinos que, al crecer junto con la semilla, la ahogaron. Pero otra parte cayó en buen terreno; así que brotó y produjo una cosecha del ciento por uno.»
Dicho esto, exclamó:
«El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Sus discípulos le preguntaron cuál era el significado de esta parábola.
«A ustedes se les ha concedido que conozcan los secretos del reino de Dios —les contestó—; pero a los demás se les habla por medio de parábolas para que »“aunque miren, no vean; aunque oigan, no entiendan”.
»Éste es el significado de la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Los que están junto al camino son los que oyen, pero luego viene el diablo y les quita la palabra del corazón, no sea que crean y se salven. Los que están sobre las piedras son los que reciben la palabra con alegría cuando la oyen, pero no tienen raíz. Éstos creen por algún tiempo, pero se apartan cuando llega la prueba. La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero, con el correr del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida, y no maduran. Pero la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con corazón noble y bueno, y la retienen; y como perseveran, producen una buena cosecha. 

Lucas 8:4-15 NVI

 

¿Por qué necesitamos conocer los obstáculos que impiden el crecimiento de la fe? ¡Muy simple! Porque el corazón es el terreno, y prepararlo bien es nuestra decisión. Nosotros mismos escogemos si creemos o no, decidimos si le hacemos más caso a Dios o al diablo, si profundizamos o nos quedamos con lo superficial, si confiamos o dejamos que la preocupación nos ahogue. ¡Es nuestra responsabilidad! Nosotros mismos decidimos si vamos a vivir según la justicia de Dios o bajo las reglas de este mundo.

¿Cuál es el estado de tu corazón?


El camino: tal vez estés siendo inconstante, no estás escuchando ni leyendo la Palabra de Dios con frecuencia, y lo poco que recibes se te olvida porque no meditas ni pones en práctica lo que aprendes. No dejes que venga el enemigo a robarte el mensaje, guarda en tu corazón las promesas de Dios. ¡Persevera!

Las piedras: creyentes superficiales que no echan raíces, en el momento de las pruebas no se mantienen firmes, se desaniman y se pierden. Muchas veces no nos damos cuenta de que, a pesar de que estamos haciendo cosas buenas y aparentando vivir como cristianos, no tenemos un corazón suave y blando, y en las piedras no puede penetrar nada. Si quieres que el mensaje eche raíces profundas, ablanda tu corazón, quita las piedras.

Los espinos
: cuando no tenemos el corazón y la mente puestos en Dios, sino en el mundo, no maduramos ni damos fruto. El carácter de Cristo no se desarrolla en nosotros. Las preocupaciones y los placeres pueden distraernos y hacernos olvidar el mensaje de Dios, pero podemos escoger en qué vamos a ocupar nuestros pensamientos.

La tierra fértil: además de la inconstancia, la superficialidad y las distracciones, hay otro obstáculo que impide que nuestra fe crezca: la viga en el ojo, que nos impide ver las cosas como las ve Dios. No asumir la responsabilidad por nuestro crecimiento espiritual, poniendo excusas y criticando a terceros, es evidencia de que nuestra visión está distorsionada. Si queremos que nuestro corazón sea terreno fértil para la fe, ¡saquemos esa viga!

No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.
¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.
No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los despedacen; ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen.

Mateo 7:1-6 NVI 



El camino del crecimiento espiritual no se recorre tratando de cambiar a otros. Cuando el enfoque es externo, no hay victorias internas. Solo cuando veas con claridad podrás ayudar a otros. La tendencia natural es culpar a los demás, criticar, buscar el problema fuera de nosotros mismos. La meta espiritual es la responsabilidad.

Tenemos la viga tan bien acomodada en el ojo que no nos damos cuenta, creemos que somos infalibles y espirituales. ¡Necesitamos identificar la viga! ¡Debemos denunciar la hipocresía, comenzando con la propia! ¿Cómo? Debemos detenernos antes de expresar nuestras críticas, y preguntarnos: ¿seré yo el del problema? ¡Y lo más seguro es que la respuesta sea sí!

Una vez que logremos aclarar nuestra visión, podremos ayudar a otros a ver las cosas como las ve Dios. Seremos llenos de misericordia y no nos sentiremos ofendidos por las faltas de otros, sino que sentiremos un genuino deseo de ayudarlos a sacar la pelusita que tengan en sus ojos.

v. 6 – Habrá quienes no quieran sacar la viga e insistirán en ver solo la paja en el ojo ajeno. Jesús murió por aquellas personas que estén dispuestas a reconocer y tomar responsabilidad de sus pecados. No demos lo sagrado a los perros. El mensaje está disponible para todos, pero el que se empeñe en rechazarlo, ya decidió permanecer ciego.

El engaño de Satanás es hacernos desviar la mirada hacia los demás para que no examinemos nuestro propio carácter ni nos hagamos responsables de nosotros mismos. ¡No des excusas ni permitas excusas!

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