domingo, 30 de junio de 2013 | By: Unknown

"¿No Supiste?": Evitando el chisme

El chisme está en todas partes. En una era en la que la gente se dirige más que nunca a las noticias para averiguar qué está pasando en el mundo, el chisme nos llega en cantidades sin precedentes. No importa en dónde busquemos, ya sea en la televisión, los periódicos, o en las revistas, las encontrarás llenas de chisme. Existen columnas de chisme en nuestros periódicos, espectáculos de televisión en los cuales se desenmascaran los últimos detalles de la persona "del día", y revistas dedicadas a rumores y chismes. ¡Nuestra sociedad está hambrienta por esta información escandalosa! ¡Hay antojo de los detalles y la mugre más reciente! ¿Podremos esperar que este pecado tan prevalente en el mundo en que vivimos, no afecte al Reino? ¿Hemos permitido que entre este pecado a la iglesia y que contamine nuestro Reino con la misma basura que nosotros criticamos en los puestos de periódico?
El chismoso es definido como una persona que habitualmente revela información personal o información sensacionalista sobre otros. ¡Esta persona susurra indirectas dudosas, repite información sospechosa, sugiere que se ha cometido una maldad sin saber los hechos, y trata de hacer ver mal a otros para poder sentirse bien sobre sí mismos o verse bien ante los ojos de otros! ¿Te has olvidado de cómo se siente Dios acerca del chisme? ¿Se te ha olvidado lo que dice la Biblia al respecto?

Levítico 19:16 "No andes con chismes entre tu gente."
o Dios nos da la orden de no ser chismosos.

Romanos 1:29 "Están llenos de toda clase de injusticia, perversidad, avaricia y maldad. Son envidiosos, asesinos, pendencieros, engañadores, perversos y chismosos…"
o Dios cataloga el chisme junto con la avaricia, el odio, la envidia y el asesinato.

2 Corintios 12:20 "Porque temo que cuando vaya a verlos, quizá no los encuentre como quisiera, y que tampoco ustedes me encuentren a mí como ustedes quisieran. Temo que haya discordias, envidias, enojos, egoísmos, chismes, críticas, orgullos y desórdenes."
o El chisme destruye la "familia" en la iglesia.
o El chisme es claramente un pecado y es malvado ante los ojos del Señor, ¡no importa qué tan aceptado sea este comportamiento en el mundo!
o El chisme destruye nuestras relaciones. ¡Este es el pecado que destruye la unidad!

Proverbios 11:13 "El chismoso todo lo cuenta; el discreto guarda el secreto."
o Destruye la confianza en una relación; la confianza de que las cosas personales que he compartido quedarán con esa persona y no se divulgarán a otras personas que no me van a ayudar.

Proverbios 16:28 "El perverso provoca peleas; el chismoso es causa de enemistades."

Proverbios 25:23 "Por el viento del norte viene la lluvia, y por las malas lenguas las malas caras."

1 Timoteo 5:13 "Además andan de casa en casa, y no sólo se vuelven perezosas, sino también chismosas, metiéndose en todo y diciendo cosas que no convienen"

Proverbios 18:8 "Los chismes son como golosinas, pero calan hasta lo más profundo."

Yo pienso que cuando dejamos de enfocarnos en nuestra misión como discípulos de evangelizar este mundo perdido, podemos caer en la trampa del chisme. Al estar aburridos con nuestro propósito y no estar estudiando la Biblia con nuestros amigos y vecinos, nos envolvemos en los asuntos de otras personas. Nos podemos convertir en fisgones en la iglesia, ansiando averiguar información sobre los problemas de otros.
¡El chisme es un pecado! ¡El chisme tiene que ser confrontado y nos tenemos que arrepentir de él! ¿Has sabido de alguien que haya sido confrontado con esto últimamente? En lo personal yo tengo más convicción, cuando leo estas Escrituras, acerca de la tentación de decir cosas sobre otras personas sin pensarlo cuidadosamente. "¿Esta persona, necesita saber la información que le estoy dando?" "¿Podrá ayudar con el asunto esta persona?" "¿Qué es necesario que ellos sepan?" ¡Da mucho que pensar saber que Dios nos juzgará por cada palabra inútil que salga de nuestra boca descuidadamente! "Y yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado. Pues por tus propias palabras serás juzgado, y declarado inocente o culpable." (Mateo 12:36-37)
¿Te encuentras hablando sobre los problemas de otros, divulgando información sobre otros libremente y sin pensarlo, diciendo cosas que no sabes si son ciertas de seguro?¡Vivir en el Reino de Dios tiene que ser diferente que vivir en el mundo! ¡Debería de ser un lugar en donde la gente controle la lengua estrictamente (Santiago 1:26), donde no se ofenda al amigo (Salmos 15:3), no se peque con la lengua (Salmos 39:1), no se hiera con las palabras (Salmos 12:18), donde todos se den cuenta que la lengua es un fuego, un mundo de maldad puesto en nuestro cuerpo (Santiago 3:6).
Tenemos que tener convicciones profundas acerca de la destrucción que el chisme causa en nuestras vidas, estudiando la Biblia y teniendo el entendimiento y el corazón de Dios sobre el asunto. ¡Decide que mientras dependa de ti vas a parar de divulgar chismes! Decide que vas a confrontar a otros, aunque sean amigos cercanos, cuando escuches chismes. Decide estudiar los hechos claramente y no creer en rumores. ¡Decide enfocarte otra vez en buscar y salvar a los perdidos!

Dave Weger, Evangelista (San Francisco)
(Traduccion autorizada de la serie "Real Life, Real Solutions" de Upcyberdown, Derechos Reservados)

¿Qué versión de la Biblia estamos leyendo?



Lo ideal sería que pudiésemos leer en hebreo antiguo, griego y arameo, para poder acceder a la fuente original. Pero la realidad es que tales conocimientos no están al alcance de todos, así que nos toca confiar en las traducciones. Sin embargo, debemos tener en cuenta que los traductores no son inspirados por Dios (jajaja, ya quisiéramos), y no vamos a encontrar traducciones perfectas, sobre todo tratándose de algo tan complejo y profundo como las Escrituras.

En nuestro idioma existen versiones buenas y otras mucho mejores. La más popular entre cristianos de habla hispana es la Reina-Valera, por razones históricas. No queremos extendernos aquí, aunque el tema nos apasiona. Solo queremos decir que es un texto bellísimo desde el punto de vista literario; la primera edición, traducida por Casiodoro de Reina, se publicó en 1569. Era la traducción de la versión latina, que a su vez era una traducción del griego, la cual había sido traducida del hebreo… Obviamente, después de pasar por tantas manos, el texto tenía lagunas y errores. En 1602, Cipriano de Valera recurrió a manuscritos antiguos para revisar y corregir el trabajo de Reina y obtener una traducción mucho más fiel al original. En las últimas décadas se han hecho varias revisiones para acomodar el vocabulario del siglo XVII a un castellano más moderno, sin alterar la obra de aquellos buenos señores Reina y Valera.



Nos encanta la poesía, pero a la hora de estudiar la Biblia, lo que deseamos es poder entender más, nos gusta que haya claridad. A fin de cuentas, las Escrituras son para que aprendamos a amar a Dios y conozcamos su voluntad, más que para deleitar nuestro paladar literario (lo cual es un beneficio extra). Por eso, además de la Reina Valera, leemos la Nueva Versión Internacional, una traducción muy seria y bien realizada, una de las más recomendables para quienes desean un texto claro y de fácil comprensión. Es la que usualmente citamos acá en nuestras publicaciones. Cuando queremos seguir indagando en el sentido de un pasaje bíblico, lo leemos en otra versión, como por ejemplo la Dios Habla Hoy, cuyo texto es muy dinámico, sencillo y directo, y tiene una ventaja adicional: es aprobada por la Iglesia Católica, lo cual nos permite usarla cuando alguien nos llegue defendiendo creencias y costumbres contrarias a la Biblia, con el argumento de que la tradición romana las justifica.



En internet podemos tener acceso a más traducciones de las Escrituras. Muchos de nosotros conocemos y usamos la "e-Sword", la espada electrónica. Contiene muchas versiones de la Biblia, en diferentes idiomas, para descargar en PC o dispositivos móviles. O la página Biblegateway, que se consulta online, con la desventaja de que, a pesar de que tiene la opción en español, casi todos los recursos adicionales que ofrece son en inglés.

Tenemos otras herramientas para el estudio bíblico (poco a poco les compartiremos más), y procuramos ir ampliando nuestra biblioteca física y electrónica cada vez que el bolsillo y el tiempo nos lo permite. En las librerías se consiguen muchas cosas buenas y malas, y a veces es difícil separar la paja del trigo. Pero lo esencial es invertir en una Biblia con concordancias y/o referencias, un diccionario de términos bíblicos, algunos libros sobre geografía, historia y cultura antigua, etc. Tómense su tiempo, ahorren para comprar textos, pregunten a los pastores y ancianos, que seguramente les recomendarán buenas lecturas.



Por cierto, algo de lo que estamos muy convencidos es que nos toca ser cuidadosos con lo que leemos en las redes. Muchos hablan de Dios, pero pocos ofrecen análisis serios de las Escrituras. Acá procuramos fomentar sobre todas las cosas el estudio de la Biblia con el fin de alimentar la fe y edificar nuestra vida en Cristo. La idea es que cada quien desarrolle convicciones basadas en la Biblia, y ponga en práctica lo aprendido.
Pero lo más importante es: leamos la Biblia, alimentémonos de la leche fresca y pura. La mejor manera de mantenernos unidos al Señor, a la vid, es orando y estudiando las Escrituras (con la consecuente obediencia a las enseñanzas de Cristo). La solución para mantenernos lejos del engaño, las falsas doctrinas y las tentaciones es llevar en nuestros corazones, mentes y bocas la Palabra Viva.






"Enséñame, SEÑOR, a seguir tus decretos, y los cumpliré hasta el fin.
Dame entendimiento para seguir tu ley, y la cumpliré de todo corazón.
Dirígeme por la senda de tus mandamientos, porque en ella encuentro mi solaz.
Inclina mi corazón hacia tus estatutos y no hacia las ganancias desmedidas.
Aparta mi vista de cosas vanas, dame vida conforme a tu palabra.
Confirma tu promesa a este siervo, como lo has hecho con los que te temen.
Líbrame del oprobio que me aterra, porque tus juicios son buenos.
¡Yo amo tus preceptos! ¡Dame vida conforme a tu justicia!"
Salmo 119:33-40

Nuestra identidad

Sabemos que la vida de un cristiano está llena de desafíos y decisiones que van contra la corriente de nuestra sociedad. Muchos caen a causa de la presión y se alejan de Dios con un hondo sentimiento de fracaso. Con frecuencia sentimos que estamos fuera de lugar y que somos tratados como seres extraños. Somos diferentes, a veces incluso dentro de las mismas iglesias, y eso puede producir inseguridad en algunos de nosotros. ¿Qué hacer?
Antes de rendirnos, veamos qué dice la Palabra de Dios acerca de quiénes somos. Cuando entendamos la identidad que el Señor nos dio, podremos tener la convicción necesaria para hacer lo que a Dios le agrada y sentirnos dichosos, sin importar el qué dirán y las críticas de terceros.

Cuando te preguntan por tu identidad, por tu origen, ¿qué es lo primero que te pasa por la mente? Soy mexicano, soy mujer, soy adolescente, soy músico, soy estudiante, soy ...
La Biblia dice que eres hijo de Dios, lo demás es circunstancial, tu identidad eterna está en Cristo. Fuimos bautizados para renacer a una vida a imagen de Jesús. ¡Eso somos hoy!

Gálatas 3:26-28
"Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús."
En el mundo dominado por Satanás no vamos a sentirnos en casa, ahí no está nuestro hogar ni nuestra herencia. Vemos que los grandes personajes de la Biblia tampoco buscaron su bienestar en esta tierra, porque tenían la mirada puesta en la promesa del Señor.

Hebreos 11:13-16
"Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad."

Vivimos separados por miles de kilómetros, en países de diferente clima, cultura, tradiciones; apenas unidos por el mismo idioma (más o menos). Pero como hijos de Dios, pertenecemos a la nación celestial. Entre nosotros ya no hay chileno, ni argentino, ni venezolano, ni colombiano... Esta es nuestra nueva identidad en Cristo, y la esperanza que el Señor nos da en este pasaje de la Biblia es que, si vivimos por fe, nos reuniremos con él en la ciudad que nos tiene preparada.

1 Pedro 2:9-12
"Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido.
Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo, que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación."

Esta carta del apóstol Pedro fue escrita aproximadamente 30 años después de la crucifixión de Jesús, e iba destinada a las iglesias de Asia Menor, las cuales estaban a punto de padecer una gran persecución. Pedro les reafirma su identidad como hijos de Dios, que viven en este mundo como extranjeros. Los llama a tomar la posición que les corresponde como linaje escogido, sacerdotes con la tarea de interceder por las naciones y llevarles el mensaje de la verdadera paz: la reconciliación con Dios.

Las palabras de Pedro son también para nosotros, escogidos por el Señor para ser pacificadores, embajadores de Cristo. Por eso nuestra conducta debe ser santa, acorde con el mensaje que trasmitimos. Muchos van a criticarnos y a cuestionar nuestro cristianismo, pero seamos pacientes y perseverantes hasta el fin.

El camino a la santidad

Mientras indagaba sobre qué necesitamos para que nuestro corazón se incline hacia la santidad, encontré una respuesta simple y poderosa: La humildad es el primer paso, e implica reconocer quiénes somos sin Dios, confesar nuestros pecados, recibir perdón y sanación, y seguir el ejemplo de Cristo llevando una vida de servicio.
Necesitamos reconocer quiénes somos sin Dios.

Lucas 18:10-14 
Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos. El fariseo se puso a orar consigo mismo: 
“Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros—ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo.” 
En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: 
“¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” 
Les digo que éste, y no aquél, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Reconocer quiénes somos sin Dios es atemorizante y humillante, pero es el suelo fértil para la semilla que Dios está plantando en nosotros. El orgullo y el miedo pueden impedir que seamos honestos ante Dios, ante nosotros mismos y ante los demás. Nuestro orgullo se opone a la cruz de Cristo. Por eso necesitamos revestirnos de humildad. (1 Pedro 5:5)
Necesitamos quebrantarnos ante nuestro pecado.

Lucas 7:36-50

Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume. Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume.Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando, y qué clase de mujer es: una pecadora.» Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta:
—Simón, tengo algo que decirte. 
—Dime, Maestro —respondió. 
—Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más? 
—Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón  
—Has juzgado bien —le dijo Jesús.  
Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: 
—¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume. Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.  
Entonces le dijo Jesús a ella  
—Tus pecados quedan perdonados.  
Los otros invitados comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»  
—Tu fe te ha salvado —le dijo Jesús a la mujer—; vete en paz.
El quebrantamiento ocurre cuando nos postramos a los pies de Jesús con actitud humilde, es una condición que nos lleva a la rendición y el deseo de ser moldeados por Dios.

Filipenses 2:1-17

"Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. 
No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.  
La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!  
Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.  
Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia—lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.  
Háganlo todo sin quejas ni contiendas, para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento, manteniendo en alto la palabra de vida. Así en el día de Cristo me sentiré satisfecho de no haber corrido ni trabajado en vano. Y aunque mi vida fuera derramada sobre el sacrificio y servicio que proceden de su fe, me alegro y comparto con todos ustedes mi alegría."
Dios quiere que consideremos a los demás como mejores que nosotros. Confesemos nuestros pecados y luchas ante otros hermanos, pidamos ayuda y consejo, y decidamos confiar en el corazón y las motivaciones de quienes están tratando de ayudarnos.
Necesitamos servir, imitando el ejemplo de Jesús.

Lucas 22:24-26

"Tuvieron además un altercado sobre cuál de ellos sería el más importante. Jesús les dijo: 
—Los reyes de las naciones oprimen a sus súbditos, y los que ejercen autoridad sobre ellos se llaman a sí mismos benefactores. No sea así entre ustedes. Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor, y el que manda como el que sirve."
Jesús no quiere que sigamos el camino del mundo. Por medio de la humildad podemos cambiar nuestra manera de pensar. En lugar de vivir su vida para sus deseos egoístas, Jesús dio el ejemplo al servirnos. Solamente cuando servimos, veremos cómo Dios cubre nuestras necesidades y las de otros.

Bienaventurados los que lloran

Mat 5:4 “Dichosos los que lloran, porque serán consolados.”

La segunda característica del cristiano es su llanto, pero no es una tristeza causada por circunstancias adversas en su vida. No se trata del sufrimiento por enfermedades, luto, problemas y carencias materiales o emocionales. El cristiano que acaba de verse a sí mismo como pobre espiritual, también se da cuenta de sus debilidades y especialmente de su propio pecado. Adán y Eva, antes de la caída, eran ricos y no tenían motivos para llorar. Sus necesidades estaban perfectamente cubiertas y vivían en intimidad con Dios. Pero cuando pecaron, perdieron todo. Sin la comunión con Dios, cayeron en la indigencia espiritual. El pobre en espíritu se da cuenta de que es su pecado lo que lo separa de Dios, y siente dolor.

El apóstol Pablo lo expresó en Romanos 7:24 “¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?” Esta es la exclamación de alguien que se ve dominado por su naturaleza pecaminosa y clama, con lágrimas en los ojos, a Aquel que puede salvarlo. Este es un llanto que proviene de lo íntimo del corazón, no es fingido. El cristiano no se muestra ante el mundo como un ser triste, pero dentro de sí hay un pesar a causa del pecado, su propio pecado y el de quienes lo rodean.

Una vez más vemos el ejemplo de Jesús, quien no tenía pecados de qué arrepentirse, pero manifestaba su pena por todo el mal que veía a su alrededor. En Juan 11:35 leemos “Jesús lloró.” Solo dos palabras, Jesús lloró. A pesar de que sabía que la muerte de Lázaro era solo el preludio de un milagro asombroso, no pudo contener el llanto al ver cuánto sufrimiento causaba la muerte, la cual proviene del pecado.

La buena noticia para todos nosotros: después del llanto, vienen el consuelo y el gozo. Llorar por el pecado es una parte importante del arrepentimiento que Dios exige. Nadie puede comprender la gracia de Dios y la salvación por medio de Cristo, si antes no ha sentido el dolor por sus pecados. Volvamos a Romanos 7:24-25, “¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!” Cristo murió por mis pecados, es mi abogado delante de Dios, gracias a él soy absuelto y hecho justo, quedo totalmente limpio para estar en la presencia del Señor. ¡Qué gran consuelo! ¡Aleluya!

Pero este consuelo y regocijo no se limitan a la conversión, sino que forman parte de la vida del creyente. Cada vez que hacemos un examen de conciencia vemos fallas, actitudes contrarias a la Palabra de Dios, pecados ocultos o persistentes. El cristiano no contempla con indiferencia su propia maldad, ni intenta justificarse. Hace como David, en el Salmo 32, confiesa su pecado delante del Señor, recibe su perdón y se dispone a alabarlo con gozo.

Haz el siguiente ejercicio: Toma un tiempo para orar, pidiendo entendimiento. Lee las siguientes escrituras: Gálatas 5:19-21; Apocalipsis 21:7-8; 2 Timoteo 3:1-5; 1 Corintios 6:9-10; Marcos 7:20-23. Examina tu corazón a la luz de esas listas de pecados. Sé sincero contigo mismo y delante de Dios. Si te parece útil, anótalo en una hoja, pero eso será para tu uso personal, nada de rituales como clavar, enterrar o quemar tu lista.

Ora por las faltas que ya superaste, dando gracias a Dios por haberte cambiado. Y ora también por los pecados que aún cometes, para que Dios te ayude a ser fiel a su Palabra y a vivir en santidad. Una vez que estás consciente de cuáles son tus debilidades, empieza la tarea a largo plazo de estudiar la Palabra de Dios con el propósito de que te transforme. Es mi oración que perseveres con la ayuda del Espíritu Santo.


Salmo 51
Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones.
Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado.
Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado.
Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable.
Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre.
Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría.
Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado.
Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga.
Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti.
Dios mío, Dios de mi salvación, líbrame de derramar sangre, y mi lengua alabará tu justicia.
Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario, te los ofrecería.
El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.
En tu buena voluntad, haz que prospere Sión; levanta los muros de Jerusalén.
Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, los holocaustos del todo quemados, y sobre tu altar se ofrecerán becerros. 
sábado, 22 de junio de 2013 | By: Unknown

La caída de la mujer

Isha, la mujer, se sentía bien consigo misma. Miraba su reflejo en el espejo del agua y sonreía. Ni siquiera sentía la necesidad de poner en orden sus cabellos, que el viento había revuelto.
Veía a su alrededor y disfrutaba la variedad de seres vivos, animales de distintos tamaños y formas, plantas de diferentes colores. Junto con el hombre, su compañero, se deleitaba descubriendo los detalles de su mundo y dándole nombre a cada cosa descubierta.
Entonces la serpiente le habló a la mujer…
La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer:
   — ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?
   —Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: "No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán."
Pero la serpiente le dijo a la mujer:
   — ¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal.
La mujer cayó en cuenta de que no era igual a Dios. Sus sentidos podían percibir las diferencias. Sabía que no se parecía al hombre ni a Dios ni a ningún otro ser, pero en su mundo nuevo y multicolor, eso era tan natural que no le despertaba ninguna suspicacia. ¿Acaso no era lo normal ser diferente?
Pero las palabras de la serpiente la hicieron dudar. Al compararse con Dios y pensar, “tiene algo que yo no tengo”, se sintió incompleta, insuficiente, insegura. ¿Por qué no era como Dios? ¿Qué le faltaba? ¿Cómo obtener eso?
La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera.
Ya Isha no volvería a pensar de sí misma como antes. En el corazón de la mujer se instaló la duda para siempre. El espejo ya no la inspiraba a sonreír, sino a estudiarse, a analizarse hasta descubrir algún defecto, alguna carencia. Ya no se sentía cómoda con la idea de ser diferente y no igual a otro ser. Exponer el carácter único de su persona le causaba temor. Prefería esconderse tras hojas de higuera, maquillarse, ocultar.
En mi corazón oigo la voz de Isha preguntando dónde y cómo obtener el conocimiento del bien y del mal, la sabiduría que me falta para ser como Dios. ¡Qué tarea tan inútil! ¡Si al menos mi corazón terminara de comprender que ya tengo lo que necesito, que el amor de Dios es suficiente y me hace completa!
Me miro en el espejo y trato de no pensar demasiado. Pongo mi cabello en orden y sonrío. Soy diferente, ¿y qué con eso? Si a Dios le agradó crearme así, es porque Él creyó que así estoy bien. No necesito saber nada más…

Deleitándose en el Señor

Creo que muchos discípulos nos sabemos de memoria el Salmo 37:4, “Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos”. Ciertamente es una promesa muy grande: Si realmente amamos a Dios y disfrutamos de una relación profunda con él, entonces obtendremos aquello que más deseamos. Pero esto, ¿qué significa realmente? A veces nos frustramos al pensar que Dios nos va a conceder un deseo material, la casa, el trabajo, el esposo o la esposa que deseamos, etc. Oramos y nos esforzamos pero no vemos la promesa cumplida.
La Biblia NVI dice “Deléitate en el Señor y él te concederá los deseos de tu corazón”. Dios nos pide que nos deleitemos en él, que lo disfrutemos. Algo que yo disfruto mucho es la música: de niña pasaba horas escuchando canciones y aprendiéndolas. Cantaba en la coral del colegio y, aunque odiaba la disciplina, iba fielmente a los ensayos porque quería hacer música. Siempre fue mi deleite; nunca he cantado por dinero o alguna otra recompensa material. El reconocimiento y los aplausos son bienvenidos, pero disfruto más la música en privado, cuando estoy sola en mi habitación y me entrego por completo a ella.
En mi relación con Dios debería suceder lo mismo. Ahora estoy leyendo un libro de devocionales llamado Cómo llegar a ser una mujer de oración (por Cynthia Heald, Ed. Unilit, 1996), y me sorprendió un capítulo titulado “Deleitándose en Dios”. Comparto aquí lo que aprendí de ese estudio.
Cuando disfrutamos nuestra relación con Dios, nuestros deseos más profundos son hacia él. Sus promesas nos llenan de esperanza y anhelamos verlas cumplidas. Nos esforzamos en obedecer fielmente sus mandatos porque no queremos perdernos nada de su amor y sus bendiciones.

Nehemías 1:11: Deleitarse en el Señor es tener el deseo de honrar su nombre.
Salmo 1:1-3: Deleitarse en el Señor es alejarse de la senda del mal y hallar nuestro sustento en la Palabra de Dios.
Salmo 40:8: Deleitarse en el Señor es hacer la voluntad de Dios con gusto.
Salmo 111:2: Deleitarse en el Señor es reconocer las obras de Dios.
Jeremías 15:16: Deleitarse en el Señor es disfrutar la Palabra de Dios.

Dios promete conceder los deseos de nuestro corazón, pero también nos promete un corazón nuevo (Jeremías 24:7 NVI) con el cual vamos a amarlo y a estar unidos a él. Ambas promesas están relacionadas. No podemos deleitarnos en Dios ni amarlo con ternura si mantenemos un corazón atado a los deseos del mundo. En Isaías 66:4, Dios habla duramente a quienes ponen su corazón en cosas que no le agradan a él. Quienes escogen complacerse a sí mismos y no deleitarse en Dios no pueden esperar bendiciones.
Muchas Escrituras nos muestran qué cosas le agradan a Dios y cuáles le desagradan.

1 Samuel 15:20-23: un corazón obediente, que presta atención a sus mandatos; no uno rebelde y arrogante.
Proverbios 11:20: la conducta recta e intachable; no un corazón perverso.
Proverbios 15:18: un corazón paciente; no uno iracundo e impulsivo.
Oseas 6:6: un corazón que ama a Dios, que lo busca y lo reconoce; no la religiosidad superficial, sólo por apariencia.

En Lucas 12:22-34, Jesús nos manda a poner los ojos en el reino de Dios, y a confiar en que no nos faltará lo necesario. No hay nada malo en manifestarle a Dios lo que deseamos y necesitamos, siempre que nuestras peticiones estén en sintonía con su voluntad. La fe nos dice que si Dios no nos da algo específico, a cambio nos tiene una bendición mayor.
Si mi corazón está puesto en los tesoros del cielo, ¿cuál será mi deseo más profundo? Dice el Salmo 73:23-28 que Dios es la herencia y la recompensa de quienes confían en él.

Oro por tener un corazón cuyo deseo más profundo sea vivir en la gracia y el amor de Dios, llena de esperanza y alegría. ¡Pido lo mismo para ti también!

La princesa satisfecha

Este año estuvimos encargadas de un grupo de lindas princesas entre 14 y 36 meses de edad. Nuestro principal deber era darles lo que necesitaran para crecer y madurar. No les dábamos todo lo que nos pedían, pues, como princesas que son, tienen mil caprichos. Las mayores eran más independientes y procuraban obtener lo que querían por sus propios medios; sólo venían a pedirnos aquello que de verdad estaba fuera de su alcance. Pero todas, grandes y pequeñas, eran “pedigüeñas incansables”.
Creo que podría escribir un libro con todas las enseñanzas espirituales que recibo a diario en mi trabajo, pero quisiera detenerme hoy en un punto: la satisfacción. Como dije, nuestras abejitas pedían y pedían desde que llegaban hasta que se iban. La respuesta al 75 % de sus peticiones fue “¡No!”. Por otra parte, cuando les ofrecíamos algo, no siempre lo aceptaban. En general, solían decir que sí cuando se les ofrecía creyones, plastilina, o una galleta; pero no les gustaba que les limpiaran la nariz aunque lo necesitaran urgentemente.
Me sorprende cómo estas niñas seguían pidiendo sin desanimarse. Muchas veces mis oraciones se ven limitadas por el temor de pedir y no recibir lo que deseo. La pregunta es, ¿recibo todo lo que necesito, aunque no tenga todo lo que quiero? En otras palabras, ¿estoy satisfecha? En la Biblia encontré algunas aclaratorias acerca de cuáles son mis necesidades y cómo Dios se encarga de suplirlas:

• Salmo 36:5-9; Efesios 3:16-20. Mi primera necesidad es el amor de Dios. Ese amor es abundante y más que suficiente para mantenerme contenta. Aunque sólo puedo ver mis necesidades físicas, Dios conoce muy bien mi necesidad espiritual y la llena de formas sorprendentes.
• Juan 10:10. Cristo no vino a robarme la diversión, como nos hacen creer algunos. La vida cristiana está llena de satisfacciones.
• Filipenses 4:19; 2 Corintios 9:8. Dios no sólo tiene la riqueza y el poder para cubrir mis necesidades. También me da más de lo que necesito con el propósito de que yo misma pueda dar a otros (a veces mi mayor excusa para no dar al necesitado es que no tengo suficiente para mí misma).
• 2 Pedro 1:3-11. Una vida completamente satisfecha es una vida de plenitud espiritual. Esforzarme en conocer a Cristo y vivir de acuerdo a su Palabra da valor a mi vida.

Otra cosa que me mostró la Palabra de Dios es cuál debe ser mi actitud ante mis propias necesidades y deseos:

• 1 Timoteo 6:6-10; Proverbios 15:16-17. Cuando mi deseo por las cosas materiales me aleja del amor de Dios, debo revisar mis prioridades. Como creyente, sé que Dios puede cubrir mis necesidades físicas, mentales y emocionales, pero mi deber es no poner ninguna de ellas por encima de mi necesidad espiritual.
• Filipenses 4:11-13. Tener fortaleza espiritual me ayuda a sobrellevar cualquier situación, buena o mala, sin perder mi enfoque ni desanimarme.
• Hebreos 13:5-6; Josué 1:3-5. Dios no me desampara ni se olvida de mí. Estas dos Escrituras dicen cosas muy distintas, una manda a no amar el dinero y la otra a tomar la Tierra Prometida. Tiene mucho sentido: ¿Por qué dar la espalda a Dios para ir en pos de ídolos cuando Él me ofrece cosas mejores?

Puedo decir con orgullo que nuestras princesas estaban satisfechas. No las complacíamos en todo lo que nos pedían, pero ellas sabían que no les faltaba lo que necesitaban. Se notaba en su actitud: alegres, confiadas, cariñosas entre ellas y conmigo, no temían pedir ni les afectaba demasiado mi negativa (no es que no lloraran ni gritaran, pero no tardaban en poner su atención en otra cosa). ¡Eso me reta! Ser soltera podría hacer que me llene de rebeldía contra Dios, pero soy una princesa satisfecha. Sí, a veces soy tan caprichosa como mis abejitas, pero tengo la certeza de que mi Padre Celestial me ama; por eso procuro tener la actitud de Pablo: “A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece”.

La mujer que me gusta

Hay Escrituras muy conocidas, sobre las que se predica con frecuencia, se escriben libros o se hacen dedicatorias en las tarjetas. Pero hay una sobre la cual nunca he oído predicar excepto, tal vez, el Día de las Madres. También la he visto en tarjetas para… ¡el Día de las Madres! Hace tiempo, un hermano me la “dedicó” en una nota, lo que me dejó perpleja. ¿Qué tengo yo que ver con la mujer descrita en Prov. 31:10-31?
Pasé meses pensando en el asunto, hasta que encontré un libro llamado Mujer Segura de Sí Misma (Joyce Meyer, Ed. Casa Creación, 2007), con un capítulo dedicado sólo a esa Escritura. Lo primero que noté fue que el capítulo no se titulaba “La mujer que debemos imitar” ni “La mujer maravilla”, sino “La mujer que no me gustaba”. No sé qué piensas tú, hermana, pero a mí me incomodaba muchísimo compararme con semejante modelo, aunque nunca me atreví a decir: “¡Detesto esa Escritura! ¿Por qué tuvieron que ponerla en mi Biblia?”. El estudio de la Sra. Meyer me quitó un peso de la conciencia y, al mismo tiempo, me ayudó a descubrir cómo puedo aplicar esa enseñanza a mi vida.

Descubrí que puedo ser una mujer:
• que vale más que una joya (v. 10). Aunque la Escritura habla de una esposa, yo como soltera puedo llegar a ser virtuosa, sabia y estimada por quienes me conocen.
• digna de confianza (vv. 11-12), gracias a su carácter íntegro y honesto. Sin importar lo que otros hagan, yo puedo tomar la iniciativa de hacer lo correcto, porque vivo para agradar a Dios cada día de mi vida.
• que disfruta su trabajo (v. 13), cumple sus tareas con buen ánimo, sin quejarse y sin pereza.
• que va en busca de alimento (vv. 14-15) y no se conforma con lo que tiene a la mano. Mi compromiso es nutrir mi relación con Dios, encomendarle mis proyectos, planificar y prepararme para enfrentar los retos cotidianos.
• que medita antes de tomar decisiones (v. 16). Me reta el equilibrio entre prudencia y audacia de esta mujer: no compra el campo sin haberlo evaluado, pero enseguida invierte para hacerlo producir más.
• preparada física, mental y espiritualmente (vv. 17-18). Busca fortaleza para emprender su trabajo hasta verlo realizado, disfruta la recompensa de su labor y no se desanima en los tiempos difíciles.
• productiva y emprendedora (vv. 19 y 24), que aprovecha sus habilidades, sus recursos y su tiempo.
• que da generosamente al necesitado (v.20). No sólo produce para el bienestar de su casa, también es sensible hacia los que no tienen y comparte su prosperidad.
• previsiva, que no teme al futuro (vv. 21 y 25). Pone su confianza en Dios y se prepara bien, dos actitudes fundamentales para ser una mujer segura de sí misma.
• que satisface sus necesidades (v. 22). La mujer virtuosa da lo mejor a los demás, pero también a sí misma. No se niega a disfrutar las bendiciones que recibe. ¡Gratitud es saber tomar lo bueno que Dios pone a nuestro alcance!
• que da buena fama a su esposo (v. 23). Como soltera, quizás no parezca que este versículo sea para mí, pero muchas de nosotras luchamos con la tentación de criticar a los hombres, socavar su autoridad o competir con ellos. El esposo de esta mujer se sabe respetado dentro y fuera de su casa, y yo no tengo que esperar a casarme para respetar a los hombres a mi alrededor.
• que habla con amor y sabiduría (v. 26). No es arrogante y, así como comparte el fruto de sus negocios, también es generosa con los tesoros de su corazón.
• responsable (v. 27). ¿Qué más se puede decir?
• reconocida por sus proezas, cuyas acciones hablan por ella (vv. 28, 29 y 31). Me alegra saber que Dios me ama por el simple hecho de ser su hija, pero también es grato saber que, cuando me esfuerzo en hacer el bien, Él se asegura de que yo reciba cierta dosis de ánimo y elogios.
• temerosa de Dios (v. 30), que no pone su confianza en su apariencia. Me impresiona que después de 20 versículos elogiando los talentos de esta mujer, se llega a la conclusión de que merece alabanza por honrar al Señor. De todas las cualidades de nuestra amiga, la mayor de todas es su devoción.
¿Te gusta esa mujer? La Biblia no nos dice su nombre, pero por fe sé que, con la ayuda de Dios, puedo ser esa mujer virtuosa. Me encanta pensar que mi hermano quiso decir algo así:
“Mujer como Magdiela no es fácil hallarla,
¡vale más que las piedras preciosas!”.

La mujer ejemplar es el diseño de Dios para cada una de nosotras. Ámala, prepárate para vivir como ella, seas soltera o casada, y confía en que el Señor te dará lo necesario para poner tu nombre en la línea. Voy a estar orando para que así sea y espero que hagas lo mismo por mí. Estoy convencida de que:
“Mujeres buenas hay muchas,
pero tú eres la mejor de todas”
viernes, 21 de junio de 2013 | By: Unknown

Definición del amor según Juan

Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente.
     ¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para ser el Salvador del mundo. Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama.
     Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.
     Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero. Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano.
1 Juan 4:7-21

¿Qué más se puede decir? Son apenas 15 versículos en los que se resume la ley de Dios: amor de principio a fin. 27 veces amor, en sustantivo, declinado y conjugado en presente, en participio y en imperativo. El amor es Dios, somos nosotros caminando con Dios.
No es un sentimiento, ni mariposas en el estómago, ni pasiones pasajeras. Es una manera de vivir, una decisión, un camino de fe, que se recorre paso a paso.
Cristo entregó su vida para que conociéramos el significado del amor. Para demostrar que somos amados por Dios y para que amemos a Dios. Para que, amándonos unos a otros, Dios mismo habite en nosotros. 365 días al año, y luego, por la eternidad. 
Dios nos bendiga por medio de su Espíritu y nos dé sabiduría para vivir según Su voluntad.

El perfume

Las reuniones de mitad de semana suelen representar un gran reto para mí, pues con frecuencia me vence el cansancio y pierdo la concentración. No hace mucho, un hermano hablaba de un importante mandato, pero apenas desperté para escucharlo decir: "Si no hacemos eso, estamos en un gran pecado y debemos arrepentirnos." Fue un momento muy vergonzoso, y de más está decir que no me atreví a preguntar: "Disculpe, ¿de qué es lo que tenemos que arrepentirnos?"

Esta semana me sentí muy bendecida por haber prestado más atención. Tuvimos una clase directa y sencilla, muy profunda y llena de sensibilidad, acerca de cómo resolver conflictos, cómo identificar cuando nuestras motivaciones son egoístas y estamos convirtiéndonos en críticos de los demás, cómo dejar a un lado los prejuicios y ver en los demás lo que hay de Cristo en ellos. Me pareció como si el predicador hubiese leído mi mente o las notas de mis tiempos con Dios, o como si alguien le hubiese contado mis luchas.

Recientemente había estado meditando en la historia de la mujer que lavó los pies de Jesús con sus propias lágrimas y lo ungió con un costoso perfume, y me asombraba lo que había en su corazón. A veces algo nos conmueve y nos saca un par de lagrimitas que no alcanzan a mojarnos la cara, pero lo que esa mujer lloró fue un río, derramó su propia alma, su más caro perfume. ¿Qué pudo conmoverla tanto? ¡El amor incondicional! Saber que Dios es bueno, experimentar esa bondad por medio del perdón, tener la esperanza de dejar la pesada carga de sus pecados y sentirse libre, viva, renovada y valiosa, sentirse amada más allá de su imaginación, ¡eso hace llorar! =)

Mateo26:6-13

Esta mujer fue tal vez una de las pocas personas que entendía lo que Jesús estaba a punto de hacer: morir en su lugar, por sus pecados, para rescatarla y darle vida eterna. Los demás testigos sólo vieron un desperdicio de perfume y la criticaron por no hacer lo que ellos consideraban correcto.
Juan 12:1-10 dice que esa mujer era María, hermana de Lázaro, la misma que olvidó ayudar a su hermana Marta por estar escuchando a Jesús. ¡Otra vez escogió la mejor parte! El perfume puro de nardo era de gran valor, hasta el mismo frasco de alabastro era costoso, pero ni cien litros de perfume de nardo valían lo que Jesús iba a hacer por ella: morir en la cruz para darle el perdón por sus pecados. ¿Por qué tenía ella que pensar en el dinero o en la pobreza cuando estaba delante de una verdad tan maravillosa?

Lucas 7:36-50

El fariseo Simón (seguramente "el leproso" de Mateo 26:6-13) sólo vio la mala fama y los pecados de la mujer, pero se olvidó de que él también había recibido la gracia de Dios. En Mateo 23:13-15, Jesús habla duramente a los fariseos y maestros de la ley, diciendo que ellos impiden que otros alcancen la gracia y lleguen al cielo. Dos mil años después, decir que alguien es fariseo se considera una ofensa entre cristianos, pero en aquel entonces no. Los fariseos estudiaban la Palabra de Dios y obedecían sus mandamientos, por lo tanto, se supone que conocían el amor y la bondad de Dios. Pero su conducta decía algo muy distinto. Si Cristo hablara hoy en día, tal vez diría "cristianos hipócritas..." y nos tocaría muy fuerte.

Hebreos 12:9-10

Intentamos corregir a los demás a nuestro modo, olvidando que Dios ya tiene un plan y una enseñanza para cada quien. La sabiduría espiritual es muy distinta a la sabiduría meramente humana. Debemos dejar de intentar controlar la vida de los demás, y confiar más en lo que Dios les está enseñando.

Juan 12:4-6

Hay que tener cuidado con nuestras motivaciones. ¿Corregimos a los demás por su bien o para nuestro propio beneficio? Ejercicio: Piensa en tres personas que deseas ver cambiar. ¿Cómo deseas que cambien? ¿Esos cambios que esperas, los ayudarían a tener una mejor vida cristiana, a crecer en su relación con Dios, o te ayudarían a ti en tu comodidad?

Romanos 5:8

El amor de Dios es incondicional. Nos entrega su amor gratuitamente y ese mismo amor es el que nos transforma. Él no espera que cambiemos para amarnos, de lo contrario no habría esperanza para nosotros y la muerte de Cristo no tendría sentido.

Salmo 103:8-11

El perdón es la más bella expresión del amor de Dios, porque nos llena de confianza y nos da libertad.

Santiago 1:22-25

Ya que conocemos el amor incondicional, porque lo hemos recibido de Dios, debemos amarnos unos a otros de esa misma manera. Es muy fácil concentrarnos en la paja del ojo ajeno y criticar a los demás, para no tener que ocuparnos de la viga en nuestro ojo. Dejemos a un lado los prejuicios y los conflictos y aceptémonos unos a otros.

¿Qué es el amor?


“En cuanto al amor fraternal, no necesitan que les escribamos, porque Dios mismo les ha enseñado a amarse unos a otros.”
1 Tesalonicenses 4:9

1 Juan 4:7-21


¿Qué es el amor? ¿Cómo vivirlo? El apóstol Juan da una respuesta clara y llena de belleza a estas interrogantes. El amor viene de Dios y todo el que ha nacido de Él lo conoce. La definición más exacta y la evidencia máxima del amor de Dios por nosotros es el sacrificio de Jesucristo para el perdón de nuestros pecados. Además, cuando nos amamos unos a otros, Dios permanece entre nosotros y su amor se manifiesta plenamente entre nosotros. ¿Cómo vivir de acuerdo con ese amor? Amándonos los unos a los otros, tal como Jesús nos enseñó.
La vida cristiana es un camino de aprendizaje, en el que nuestro Maestro Jesús nos enseña acerca del amor y nos pone la tarea de practicar constantemente con quienes nos rodean. Celebramos la Pascua para recordar esa gran lección y reflexionar sobre ella.

El camino del amor


"Conozco tus obras, tu duro trabajo y tu perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles pero no lo son; y has descubierto que son falsos. Has perseverado y sufrido por mi nombre, sin desanimarte.
Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor. ¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y vuelve a practicar las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, iré y quitaré de su lugar tu candelabro."
 Apocalipsis 2:2-5

Con frecuencia nos quejamos de la falta de compromiso en la iglesia. En las prédicas se hacen llamados constantes a dar más, a servir más, a sacrificar más y a comprometernos más. Sin embargo, muchas veces se falla en entender el por qué y para qué de todos esos esfuerzos. Sabemos lo que tenemos que hacer y nos sentimos culpables por no estar haciéndolo, pero también sentimos, aunque nos cueste reconocerlo, que nuestra vida cristiana es una carga pesada, llena de obligaciones. Nos falta inspiración y convicción. El compromiso debería ser el producto natural de nuestras convicciones, pero, ¿cuáles son esas convicciones?

Cuando vemos el sufrimiento y los sacrificios de los apóstoles y los primeros cristianos, pero no vemos las gloriosas recompensas que ellos anhelaban, estamos perdiendo de vista un punto esencial: a todos ellos los movía la convicción de estar siguiendo y sirviendo a un Señor poderoso que cumple sus promesas y ama incondicionalmente, un Dios que perdona, restaura y da vida verdadera. Cristo no nos llamó solamente a tener "obras, duro trabajo y perseverancia". La vida cristiana es mucho más que eso, es dejar que Dios nos transforme por medio de su amor.

"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente."
 1 Juan 4:10-12

El compromiso más importante es el amor: amar a Dios sobre todas las cosas y amarnos unos a otros como Cristo nos amó. Dios se manifiesta entre nosotros cuando nos amamos unos a otros. Todo lo que hagamos para dar, servir, sacrificar y comprometernos más, no debe ser por obligación ni compulsión, sino por el amor que estamos experimentando en nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Necesitamos rescatar el primer amor, las demostraciones más básicas de devoción y adoración. Debemos volver a las raíces de nuestra relación con Dios y de nuestra vida como discípulos. Necesitamos entender porqué somos cristianos y hacemos lo que hacemos, cuál es nuestra identidad en Cristo y nuestro propósito.

"Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros."
Juan 4:34-35

El amor es una señal para el mundo. Si queremos ganar almas para Cristo, hacer más discípulos y enseñarles a obedecer la Palabra de Dios, el camino es amarnos unos a otros. No hay plan B, tienes que experimentar el amor de Dios hasta que te desborde, tienes que amar a la iglesia con pasión, tienes que desear que otros conozcan ese amor.
domingo, 16 de junio de 2013 | By: Unknown

Bienaventurados los pobres en espíritu

Jesús enseñó de una manera completamente distinta a los maestros de su tiempo (Mateo 7:28-29). Sus palabras iban destinadas a la gente sencilla, esa que no entendía las disertaciones teológicas de los fariseos, pero que tenía una necesidad genuina y profunda de conocer a Dios. Nosotros podemos identificarnos perfectamente con la audiencia de Jesús.
El evangelio de Mateo dedica tres largos capítulos al sermón de la montaña. Algunos creen que este sermón fue repetido muchas veces durante los tres años que duró el ministerio de Jesús en la tierra. Y eso tiene sentido, ya que la idea era que la gente recordara las palabras del maestro. Y según Mateo, así empezó la prédica:
Mat 5:3  “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.”
La primera característica del discípulo de Cristo es su pobreza espiritual. Eso no tiene nada que ver con pobreza material, ni con debilidad de carácter, ni con timidez. El pobre en espíritu es alguien que ha visto la grandeza de Dios y se ha dado cuenta de su propia pequeñez. Cuando estamos delante del Señor no podemos sentirnos importantes ni orgullosos, no tenemos nada, y mientras más conocemos la majestad de Dios, más nos damos cuenta de que lo mejor de nuestra vida es insignificante, nuestro mayor logro es una tontería. Pablo lo expresó claramente en Filipenses 3:4-8: todo lo tuvo por basura, su inteligencia, su impecable vida, sus talentos, al conocer a Cristo resucitado. Hasta el más rico de nosotros es indigente, el mejor de nosotros es un cero a la izquierda. Humildad pura y simple, reconocimiento de nuestra debilidad.
La palabra griega usada en el texto de Mateo es ‘ptochos’, y designa al mendigo que pide limosna de rodillas, porque no puede cubrir sus necesidades básicas. No tiene absolutamente nada y debe pedirlo todo. ¿Cómo se aplica esto a la pobreza espiritual?
El pobre en espíritu sabe que no puede hacer nada por sí mismo para satisfacer las necesidades de su corazón. Sabe que no es nadie, no tiene valor ni confianza en sí mismo. Su valor y su confianza solo provienen de Dios. Eso contradice tanto a lo que el mundo nos enseña, que es imposible de aceptar por los orgullosos, los independientes, los autosuficientes y los triunfadores de esta vida.
El discípulo no es merecedor de gloria, la discípula no es princesa. Somos hijos pobres que dependen del amor del Padre. Es muy diferente a lo que nos enseñan algunos falsos maestros. El hijo de Dios suplica, nunca decreta. El pobre en espíritu ruega incesantemente y da gracias por cada cosa que Dios le da. No es capaz de enojarse ni sentirse frustrado, porque se sabe tan insignificante que no merece nada. No se siente ofendido porque ya se ha humillado delante de Dios, y ya nada ni nadie puede humillarlo.
Eso no es posible sin la ayuda de Dios, hasta para humillarnos así, necesitamos que sea Dios quien nos humille, quien nos muestre que somos como la hierba del campo. Pero una vez que experimentamos esa pobreza absoluta, esa mendicidad espiritual, quedamos con las manos libres para poseer el reino de los cielos.
El ejemplo perfecto de la pobreza espiritual es Jesús, quien se hizo pobre e insignificante ante los ojos del mundo, para que conociéramos las riquezas de la gracia de Dios. Jesús nos muestra como vivir en total dependencia de Dios, sin orgullo ni autosuficiencia.
Jn 5:19  Entonces Jesús afirmó: —Ciertamente les aseguro que el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su padre hace, porque cualquier cosa que hace el padre, la hace también el hijo.
Solo quien es pobre en espíritu, busca y es lleno del Espíritu Santo para vivir en santidad, de acuerdo con el carácter santo de Dios. Y esa es la condición para heredar el reino de los cielos.

Salmo 16
Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.
Yo le he dicho al SEÑOR: «Mi SEÑOR eres tú. Fuera de ti, no poseo bien alguno.»
Poderosos son los sacerdotes paganos del país, según todos sus seguidores.
Pero aumentarán los dolores de los que corren tras ellos. ¡Jamás derramaré sus sangrientas libaciones, ni con mis labios pronunciaré sus nombres!
Tú, SEÑOR, eres mi porción y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi suerte.
Bellos lugares me han tocado en suerte; ¡preciosa herencia me ha correspondido!
Bendeciré al SEÑOR, que me aconseja; aun de noche me reprende mi conciencia.
Siempre tengo presente al SEÑOR; con él a mi derecha, nada me hará caer.
Por eso mi corazón se alegra, y se regocijan mis entrañas; todo mi ser se llena de confianza.
No dejarás que mi vida termine en el sepulcro; no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel.
Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha.

viernes, 7 de junio de 2013 | By: Unknown

El carácter de un cristiano

Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda. Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.
Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, les harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos. En cambio, el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados.
Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.


2 Pedro 1:3-11


En tiempos recientes pasé por momentos espiritualmente difíciles, que pusieron a prueba mi fe, y me llevaron a revisar mi corazón en profundidad. No entraré en detalles aburridos. Solo diré que me hizo bien darle vuelta a todo y reencontrarme con las bases de mi andar con Dios, y eso es lo que quiero comenzar a compartir con ustedes, mis queridos hermanos en Cristo. Tengo algunas notas que voy a ir publicando por acá, y espero que sean de bendición a todo el que las lea.


He notado que algunas de las páginas cristianas más activas son las que tocan temas polémicos, las que denuncian tal herejía, o a aquel falso maestro, las que hablan de los delitos del Vaticano y los engaños de las sectas. Todo eso llama la atención, es interesante, pero también puede llegar a volverse terriblemente carnal. No estoy diciendo que haya que guardar silencio cuando falsos cristianos salen a traer deshonra al nombre de Dios, pero en la actitud de algunos “apologistas”, o defensores de la fe, hay muy poco de verdadero cristianismo. Pienso que la mejor estrategia para desenmascarar a los impostores es vivir nosotros mismos como auténticos discípulos de Cristo, y que el mundo vea la diferencia con sus propios ojos.
Un discípulo de Jesús puede defender la fe sin caer en descalificaciones y contiendas, porque sabe que el hermano engañado no es su enemigo. No necesita estar denunciando y creando polémica constantemente. Por el contrario, es un pacificador, cuya misión es reconciliar a su hermano con Dios, para que este también conozca la verdad y sea libre.

Al hijo de Dios, nacido de nuevo, se le reconoce por su carácter. La meta en su vida es ser como Cristo, y sus esfuerzos estarán orientados a desarrollar los rasgos de carácter propios de quien es guiado por el Espíritu Santo. No es un camino fácil ni cómodo, pero contamos con la sabiduría que Dios ofrece a todo el que la pida.
Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (Lucas 11:13)
Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. (Santiago 1:5)

Leemos en la Biblia historias de personas que vivieron según la voluntad del Señor, y otras que hicieron lo malo delante de Dios, y podemos aprender de sus ejemplos, qué hacer y qué no. Vemos la vida de Jesús en los evangelios y tenemos el modelo perfecto a seguir. Y a través de las Escrituras vamos a encontrar mucha enseñanza práctica. Creo que lo primero que debemos hacer, una vez que nos trazamos la meta de vivir como agrada a Dios, es determinar cuáles son los rasgos del carácter de un cristiano.

Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.
Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu.


Gálatas 5:16-25


¿Cómo sabemos que somos discípulos de Cristo? La respuesta es simple y la dio el propio Jesús: Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:31-32)

El discípulo de Cristo es fiel a las enseñanzas de Jesús, y como consecuencia de ello, su vida es transformada, ve las cosas distinto a como las veía antes, pues la verdad de Dios le quita la venda de los ojos y le da libertad. Y esto fue lo primero que Jesús enseñó, lo que conocemos como las bienaventuranzas:

Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.
Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.


Mateo 5:3-9