Vayamos al capítulo 5 de la carta a los Gálatas. Ahí vemos que Pablo está confrontando pecados en la iglesia primitiva. Las palabras del apóstol son fuertes, pero justas. Cuando leemos esta carta desde el primer capítulo, notamos que la intención de Pablo es ser directo y contundente. No se trataba de un mensaje dirigido a una congregación joven e inexperta, sino a una iglesia que ya debía tener cierta madurez, pero que se estaba desviando fuertemente de las enseñanzas de Jesús.
A veces necesitamos ser sacudidos. Hay momentos en nuestras vidas en los que el Señor seguramente nos está observando y diciéndonos: “¿qué crees que estás haciendo?”. Y es en esos momentos en los que debemos dar gracias a Dios por hermanos que estén cerca de nosotros y conozcan nuestra vida. Necesitamos amigos que nos den esa indispensable sacudida, que nos ayuden a ver con claridad nuestros pecados y nos muestren el camino del arrepentimiento. Constantemente estamos fallando, así que constantemente vamos a necesitar esas sacudidas.
Pues bien, después de sacudir a los gálatas, el apóstol les dice lo siguiente:
(Gálatas 5:13-26)
13-15
“Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor. En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» Pero si siguen mordiéndose y devorándose, tengan cuidado, no sea que acaben por destruirse unos a otros.”
Al pie de la cruz de Cristo, hay que andar en el amor.
La verdadera libertad en Cristo no es una libertad egoísta y autoindulgente. Al contrario, se manifiesta plenamente cuando entregamos nuestro servicio a otros. La advertencia de Pablo: tengan cuidado o acabarán por destruirse unos a otros. Si nuestras acciones están causando la destrucción de nuestro hermano, no estamos caminando en el amor de Cristo.
16-18
“Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.”
Al pie de la cruz de Cristo, hay que andar en el Espíritu Santo.
La decisión está en nuestras manos. Si no estamos tomando la decisión consciente de someternos a la Palabra de Dios y a la guía del Espíritu Santo, estamos decidiendo que nuestra naturaleza pecaminosa nos domine. Esta es otra evidencia de que Cristo, por medio del Espíritu, nos hace libres. Ya no nos esclaviza el pecado, nosotros somos quienes decidimos obedecer o desobedecer.
19-21
“Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”
Pablo está diciendo: “no vivan así”. Recordemos que Pablo no le está dando este consejo a gente que todavía no conoce el evangelio. Básicamente le está diciendo a la iglesia que deje de pecar, o de lo contrario perderá su herencia celestial.
Pero hay una buena noticia… ¿Quieres saber cuál es la buena noticia? Vamos a seguir leyendo desde el versículo 22 hasta el final.
22-26
“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros.”
En el Espíritu Santo tenemos el poder para vivir una vida agradable ante Dios. El Espíritu nos da todo lo necesario y nos guía con su sabiduría. Podemos escoger si vamos a andar en el pecado o en el Espíritu. ¡Tomemos la decisión correcta!
Detengámonos a pensar si en nuestro caminar con Dios estamos viviendo bajo la guía del Espíritu o de nuestra naturaleza pecaminosa. Preguntémonos si nuestras acciones demuestran el amor de Cristo o son evidencia de nuestra desobediencia. Confrontemos y confesemos, preguntémosle a nuestros amigos cómo ven nuestra vida, si ven frutos de pasiones mundanas o de sujeción a Dios.
Recordemos que hemos sido llamados desde la oscuridad para andar en la gloriosa luz de Jesús.

0 comentarios:
Publicar un comentario