Al ver esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador.» Pero Zaqueo dijo resueltamente: —Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.
Zaqueo era probablemente el hombre más rico en una comunidad donde muchos eran indigentes y morían de hambre. Por ser el acaudalado jefe de los cobradores de impuestos, era odiado y temido por sus vecinos, su reputación era terrible. Sin embargo, Jesús decidió ir a comer en su casa, y ese gesto bastó para que la vida de Zaqueo cambiara por completo. Públicamente declaró que repondría cuatro veces lo que le hubiese quitado a otros, sin que nadie se lo pidiera. ¡Lo hizo por pura gratitud! Estaba tan agradecido que no le importó la opinión de los demás, ni la proporción de lo que estaba a punto de entregar. Todos los tesoros y las riquezas de este mundo eran poca cosa, comparados con tener al Señor en su casa.
Esto me hace pensar en la gracia abundante que Dios nos muestra cuando nos da su perdón. No se nos pide restituir nada ni enmendar lo hecho, pero Dios pone en nuestro corazón un ferviente anhelo de dar y servir con gozo. Esa es la diferencia entre las engañosas obras con las que muchos tratan de ganar la salvación y las buenas obras que Dios nos da para que glorifiquemos su nombre.
Efesios 2:8-10
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
¿Has oído hablar de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos? Pues bien, el paso 8 dice: Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos hecho daño y estuvimos dispuestos a enmendarlo.
No puedo hablar con todas las personas a las que alguna vez lastimé, ofendí o maltraté. Algunos están totalmente fuera de mi alcance. Recuerdo que en la escuela, hace muchos años, tuve una amiga maravillosa y gentil. Pero yo descuidé esa amistad, no puse de mi parte y por mucho tiempo perdí contacto con ella. No la traté con el amor que merecía y necesitaba. Desafortunadamente ella falleció en un accidente de tránsito cuando apenas tenía 19 años. Muchas veces quise pedirle perdón y enmendar mis faltas, deseaba poder restituirle 4 veces lo que le debía, pero ya no puedo. Ahora solo me queda escoger entre vivir con los remordimientos o cambiar y dar a otros, a partir de hoy, el afecto y la amistad que no di ayer.
Hoy decido dar mi corazón cuatro veces. La primera por pura gratitud hacia Dios, cuyo amor me rescató. La segunda para restituir donde sea posible, y en los casos en los que no pueda enmendar, para servir. La tercera para sanar las heridas, lo cual suele ser más importante que la simple retribución. Todos necesitamos saber que nuestros sentimientos importaron. Y la última simplemente por amor, no solo cuatro veces sino muchas, una y otra vez.
Juan 15:9-15
Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes.
El engaño de Satanás es hacerme pensar que por haber fracasado en el pasado, ya no soy digna de ser amada ni de ser llamada amiga. Jesús dice lo contrario, y yo escojo creerle a su Palabra. Todos tenemos mucho que dar, no de nuestra pobreza, sino de la abundante gracia que recibimos de Dios.

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