domingo, 8 de septiembre de 2013 | By: Unknown

Dios confía en nosotros


Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo:
Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir.”
O supongamos que un rey está a punto de ir a la guerra contra otro rey. ¿Acaso no se sienta primero a calcular si con diez mil hombres puede enfrentarse al que viene contra él con veinte mil? Si no puede, enviará una delegación mientras el otro está todavía lejos, para pedir condiciones de paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.
La sal es buena, pero si se vuelve insípida, ¿cómo recuperará el sabor? No sirve ni para la tierra ni para el abono; hay que tirarla fuera.
El que tenga oídos para oír, que oiga.

Lucas 14:25-35


Miles de personas seguían a Jesús y lo escuchaban, pero él estaba buscando individuos en quienes depositar su confianza. Jesús no puso su confianza en la multitud anónima. En la Biblia aparecen nombres de muchas personas que se comprometieron a obedecer a Dios. Quienes aprendieron las grandes enseñanzas de Jesús fueron aquellos que permanecieron cerca de él y lo amaron por encima de todo, incluso más que a sí mismos.
Esto nos desafía, somos naturalmente egoístas. Muchos escuchan la Palabra de Dios por interés propio, van a la iglesia porque esperan recibir algún beneficio de Dios. Pero eso sencillamente no funciona. Mientras pensemos primero en nosotros mismos, no vamos a aprender a amar a Dios ni al prójimo como Dios nos ama a nosotros.
Jesús se dedicó a entrenar a sus discípulos para que fuesen como él, reprodujo su carácter en ellos, los enseñó a amar porque les trasmitió el amor de Dios. Eso lo logró porque ellos decidieron contar el costo y lo siguieron.

Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro.
—Apacienta mis corderos —le dijo Jesús.
Y volvió a preguntarle:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
—Cuida de mis ovejas.
Por tercera vez Jesús le preguntó:
—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: “¿Me quieres?” Así que le dijo:
—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.
—Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—.

Juan 21:15-17


La pregunta de Jesús: “¿Me amas?”. Ya conocía la respuesta, pero quería que el propio Pedro entendiera que Jesús confiaba en él y le estaba dando una tarea especial. ¿Nos vemos como personas confiables para Dios? Debemos aprender a vernos así, porque Dios está depositando su confianza en nosotros.

Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo:
—Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

Mateo 28:18-20


A hombres y mujeres de su confianza, Jesús encomendó que continuaran la tarea que él ya había iniciado en ellos. ¿Cuál es el desafío que Jesús nos envía? Aprender todo lo que él enseñó, vivir como él enseñó a sus primeros discípulos, con el fin de enseñar a otros a ser discípulos suyos. Ser cada vez más como Jesús, para poder reproducir su carácter en otros. El Padre depositó su confianza en la persona del Hijo para que rescatara a muchos. Cristo nos trasmite esa confianza de parte de Dios y nos capacita para continuar con su trabajo.


Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo:
—Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
—Nosotros somos descendientes de Abraham —le contestaron—, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir que seremos liberados?
—Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —respondió Jesús—. Ahora bien, el esclavo no se queda para siempre en la familia; pero el hijo sí se queda en ella para siempre. Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.

Juan 8:31-36


Alguien de confianza para Dios está dispuesto a evaluarse y reconocer que aún piensa como un esclavo del pecado. Busca ser transformado por la Palabra de Dios. La diferencia entre simplemente leer la Biblia y estudiar las Escrituras está en el compromiso de seguir los pasos de Cristo.
Recibimos un voto de confianza y la promesa de que Jesús estará siempre a nuestro lado. ¿Qué pasaría si cada creyente confía en esa promesa y decide aceptar el compromiso de ayudar a otros a ser verdaderos discípulos de Cristo?

0 comentarios:

Publicar un comentario