viernes, 7 de junio de 2013 | By: Unknown

El carácter de un cristiano

Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda. Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.
Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, les harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos. En cambio, el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados.
Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.


2 Pedro 1:3-11


En tiempos recientes pasé por momentos espiritualmente difíciles, que pusieron a prueba mi fe, y me llevaron a revisar mi corazón en profundidad. No entraré en detalles aburridos. Solo diré que me hizo bien darle vuelta a todo y reencontrarme con las bases de mi andar con Dios, y eso es lo que quiero comenzar a compartir con ustedes, mis queridos hermanos en Cristo. Tengo algunas notas que voy a ir publicando por acá, y espero que sean de bendición a todo el que las lea.


He notado que algunas de las páginas cristianas más activas son las que tocan temas polémicos, las que denuncian tal herejía, o a aquel falso maestro, las que hablan de los delitos del Vaticano y los engaños de las sectas. Todo eso llama la atención, es interesante, pero también puede llegar a volverse terriblemente carnal. No estoy diciendo que haya que guardar silencio cuando falsos cristianos salen a traer deshonra al nombre de Dios, pero en la actitud de algunos “apologistas”, o defensores de la fe, hay muy poco de verdadero cristianismo. Pienso que la mejor estrategia para desenmascarar a los impostores es vivir nosotros mismos como auténticos discípulos de Cristo, y que el mundo vea la diferencia con sus propios ojos.
Un discípulo de Jesús puede defender la fe sin caer en descalificaciones y contiendas, porque sabe que el hermano engañado no es su enemigo. No necesita estar denunciando y creando polémica constantemente. Por el contrario, es un pacificador, cuya misión es reconciliar a su hermano con Dios, para que este también conozca la verdad y sea libre.

Al hijo de Dios, nacido de nuevo, se le reconoce por su carácter. La meta en su vida es ser como Cristo, y sus esfuerzos estarán orientados a desarrollar los rasgos de carácter propios de quien es guiado por el Espíritu Santo. No es un camino fácil ni cómodo, pero contamos con la sabiduría que Dios ofrece a todo el que la pida.
Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (Lucas 11:13)
Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. (Santiago 1:5)

Leemos en la Biblia historias de personas que vivieron según la voluntad del Señor, y otras que hicieron lo malo delante de Dios, y podemos aprender de sus ejemplos, qué hacer y qué no. Vemos la vida de Jesús en los evangelios y tenemos el modelo perfecto a seguir. Y a través de las Escrituras vamos a encontrar mucha enseñanza práctica. Creo que lo primero que debemos hacer, una vez que nos trazamos la meta de vivir como agrada a Dios, es determinar cuáles son los rasgos del carácter de un cristiano.

Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.
Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu.


Gálatas 5:16-25


¿Cómo sabemos que somos discípulos de Cristo? La respuesta es simple y la dio el propio Jesús: Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:31-32)

El discípulo de Cristo es fiel a las enseñanzas de Jesús, y como consecuencia de ello, su vida es transformada, ve las cosas distinto a como las veía antes, pues la verdad de Dios le quita la venda de los ojos y le da libertad. Y esto fue lo primero que Jesús enseñó, lo que conocemos como las bienaventuranzas:

Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.
Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.


Mateo 5:3-9

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