sábado, 22 de junio de 2013 | By: Unknown

Deleitándose en el Señor

Creo que muchos discípulos nos sabemos de memoria el Salmo 37:4, “Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos”. Ciertamente es una promesa muy grande: Si realmente amamos a Dios y disfrutamos de una relación profunda con él, entonces obtendremos aquello que más deseamos. Pero esto, ¿qué significa realmente? A veces nos frustramos al pensar que Dios nos va a conceder un deseo material, la casa, el trabajo, el esposo o la esposa que deseamos, etc. Oramos y nos esforzamos pero no vemos la promesa cumplida.
La Biblia NVI dice “Deléitate en el Señor y él te concederá los deseos de tu corazón”. Dios nos pide que nos deleitemos en él, que lo disfrutemos. Algo que yo disfruto mucho es la música: de niña pasaba horas escuchando canciones y aprendiéndolas. Cantaba en la coral del colegio y, aunque odiaba la disciplina, iba fielmente a los ensayos porque quería hacer música. Siempre fue mi deleite; nunca he cantado por dinero o alguna otra recompensa material. El reconocimiento y los aplausos son bienvenidos, pero disfruto más la música en privado, cuando estoy sola en mi habitación y me entrego por completo a ella.
En mi relación con Dios debería suceder lo mismo. Ahora estoy leyendo un libro de devocionales llamado Cómo llegar a ser una mujer de oración (por Cynthia Heald, Ed. Unilit, 1996), y me sorprendió un capítulo titulado “Deleitándose en Dios”. Comparto aquí lo que aprendí de ese estudio.
Cuando disfrutamos nuestra relación con Dios, nuestros deseos más profundos son hacia él. Sus promesas nos llenan de esperanza y anhelamos verlas cumplidas. Nos esforzamos en obedecer fielmente sus mandatos porque no queremos perdernos nada de su amor y sus bendiciones.

Nehemías 1:11: Deleitarse en el Señor es tener el deseo de honrar su nombre.
Salmo 1:1-3: Deleitarse en el Señor es alejarse de la senda del mal y hallar nuestro sustento en la Palabra de Dios.
Salmo 40:8: Deleitarse en el Señor es hacer la voluntad de Dios con gusto.
Salmo 111:2: Deleitarse en el Señor es reconocer las obras de Dios.
Jeremías 15:16: Deleitarse en el Señor es disfrutar la Palabra de Dios.

Dios promete conceder los deseos de nuestro corazón, pero también nos promete un corazón nuevo (Jeremías 24:7 NVI) con el cual vamos a amarlo y a estar unidos a él. Ambas promesas están relacionadas. No podemos deleitarnos en Dios ni amarlo con ternura si mantenemos un corazón atado a los deseos del mundo. En Isaías 66:4, Dios habla duramente a quienes ponen su corazón en cosas que no le agradan a él. Quienes escogen complacerse a sí mismos y no deleitarse en Dios no pueden esperar bendiciones.
Muchas Escrituras nos muestran qué cosas le agradan a Dios y cuáles le desagradan.

1 Samuel 15:20-23: un corazón obediente, que presta atención a sus mandatos; no uno rebelde y arrogante.
Proverbios 11:20: la conducta recta e intachable; no un corazón perverso.
Proverbios 15:18: un corazón paciente; no uno iracundo e impulsivo.
Oseas 6:6: un corazón que ama a Dios, que lo busca y lo reconoce; no la religiosidad superficial, sólo por apariencia.

En Lucas 12:22-34, Jesús nos manda a poner los ojos en el reino de Dios, y a confiar en que no nos faltará lo necesario. No hay nada malo en manifestarle a Dios lo que deseamos y necesitamos, siempre que nuestras peticiones estén en sintonía con su voluntad. La fe nos dice que si Dios no nos da algo específico, a cambio nos tiene una bendición mayor.
Si mi corazón está puesto en los tesoros del cielo, ¿cuál será mi deseo más profundo? Dice el Salmo 73:23-28 que Dios es la herencia y la recompensa de quienes confían en él.

Oro por tener un corazón cuyo deseo más profundo sea vivir en la gracia y el amor de Dios, llena de esperanza y alegría. ¡Pido lo mismo para ti también!

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