"Conozco tus obras, tu duro trabajo y tu perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles pero no lo son; y has descubierto que son falsos. Has perseverado y sufrido por mi nombre, sin desanimarte.
Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor. ¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y vuelve a practicar las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, iré y quitaré de su lugar tu candelabro."
Apocalipsis 2:2-5
Con frecuencia nos quejamos de la falta de compromiso en la iglesia. En las prédicas se hacen llamados constantes a dar más, a servir más, a sacrificar más y a comprometernos más. Sin embargo, muchas veces se falla en entender el por qué y para qué de todos esos esfuerzos. Sabemos lo que tenemos que hacer y nos sentimos culpables por no estar haciéndolo, pero también sentimos, aunque nos cueste reconocerlo, que nuestra vida cristiana es una carga pesada, llena de obligaciones. Nos falta inspiración y convicción. El compromiso debería ser el producto natural de nuestras convicciones, pero, ¿cuáles son esas convicciones?
Cuando vemos el sufrimiento y los sacrificios de los apóstoles y los primeros cristianos, pero no vemos las gloriosas recompensas que ellos anhelaban, estamos perdiendo de vista un punto esencial: a todos ellos los movía la convicción de estar siguiendo y sirviendo a un Señor poderoso que cumple sus promesas y ama incondicionalmente, un Dios que perdona, restaura y da vida verdadera. Cristo no nos llamó solamente a tener "obras, duro trabajo y perseverancia". La vida cristiana es mucho más que eso, es dejar que Dios nos transforme por medio de su amor.
"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente."
1 Juan 4:10-12
El compromiso más importante es el amor: amar a Dios sobre todas las cosas y amarnos unos a otros como Cristo nos amó. Dios se manifiesta entre nosotros cuando nos amamos unos a otros. Todo lo que hagamos para dar, servir, sacrificar y comprometernos más, no debe ser por obligación ni compulsión, sino por el amor que estamos experimentando en nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Necesitamos rescatar el primer amor, las demostraciones más básicas de devoción y adoración. Debemos volver a las raíces de nuestra relación con Dios y de nuestra vida como discípulos. Necesitamos entender porqué somos cristianos y hacemos lo que hacemos, cuál es nuestra identidad en Cristo y nuestro propósito.
"Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros."
Juan 4:34-35
El amor es una señal para el mundo. Si queremos ganar almas para Cristo, hacer más discípulos y enseñarles a obedecer la Palabra de Dios, el camino es amarnos unos a otros. No hay plan B, tienes que experimentar el amor de Dios hasta que te desborde, tienes que amar a la iglesia con pasión, tienes que desear que otros conozcan ese amor.

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