viernes, 21 de junio de 2013 | By: Unknown

El perfume

Las reuniones de mitad de semana suelen representar un gran reto para mí, pues con frecuencia me vence el cansancio y pierdo la concentración. No hace mucho, un hermano hablaba de un importante mandato, pero apenas desperté para escucharlo decir: "Si no hacemos eso, estamos en un gran pecado y debemos arrepentirnos." Fue un momento muy vergonzoso, y de más está decir que no me atreví a preguntar: "Disculpe, ¿de qué es lo que tenemos que arrepentirnos?"

Esta semana me sentí muy bendecida por haber prestado más atención. Tuvimos una clase directa y sencilla, muy profunda y llena de sensibilidad, acerca de cómo resolver conflictos, cómo identificar cuando nuestras motivaciones son egoístas y estamos convirtiéndonos en críticos de los demás, cómo dejar a un lado los prejuicios y ver en los demás lo que hay de Cristo en ellos. Me pareció como si el predicador hubiese leído mi mente o las notas de mis tiempos con Dios, o como si alguien le hubiese contado mis luchas.

Recientemente había estado meditando en la historia de la mujer que lavó los pies de Jesús con sus propias lágrimas y lo ungió con un costoso perfume, y me asombraba lo que había en su corazón. A veces algo nos conmueve y nos saca un par de lagrimitas que no alcanzan a mojarnos la cara, pero lo que esa mujer lloró fue un río, derramó su propia alma, su más caro perfume. ¿Qué pudo conmoverla tanto? ¡El amor incondicional! Saber que Dios es bueno, experimentar esa bondad por medio del perdón, tener la esperanza de dejar la pesada carga de sus pecados y sentirse libre, viva, renovada y valiosa, sentirse amada más allá de su imaginación, ¡eso hace llorar! =)

Mateo26:6-13

Esta mujer fue tal vez una de las pocas personas que entendía lo que Jesús estaba a punto de hacer: morir en su lugar, por sus pecados, para rescatarla y darle vida eterna. Los demás testigos sólo vieron un desperdicio de perfume y la criticaron por no hacer lo que ellos consideraban correcto.
Juan 12:1-10 dice que esa mujer era María, hermana de Lázaro, la misma que olvidó ayudar a su hermana Marta por estar escuchando a Jesús. ¡Otra vez escogió la mejor parte! El perfume puro de nardo era de gran valor, hasta el mismo frasco de alabastro era costoso, pero ni cien litros de perfume de nardo valían lo que Jesús iba a hacer por ella: morir en la cruz para darle el perdón por sus pecados. ¿Por qué tenía ella que pensar en el dinero o en la pobreza cuando estaba delante de una verdad tan maravillosa?

Lucas 7:36-50

El fariseo Simón (seguramente "el leproso" de Mateo 26:6-13) sólo vio la mala fama y los pecados de la mujer, pero se olvidó de que él también había recibido la gracia de Dios. En Mateo 23:13-15, Jesús habla duramente a los fariseos y maestros de la ley, diciendo que ellos impiden que otros alcancen la gracia y lleguen al cielo. Dos mil años después, decir que alguien es fariseo se considera una ofensa entre cristianos, pero en aquel entonces no. Los fariseos estudiaban la Palabra de Dios y obedecían sus mandamientos, por lo tanto, se supone que conocían el amor y la bondad de Dios. Pero su conducta decía algo muy distinto. Si Cristo hablara hoy en día, tal vez diría "cristianos hipócritas..." y nos tocaría muy fuerte.

Hebreos 12:9-10

Intentamos corregir a los demás a nuestro modo, olvidando que Dios ya tiene un plan y una enseñanza para cada quien. La sabiduría espiritual es muy distinta a la sabiduría meramente humana. Debemos dejar de intentar controlar la vida de los demás, y confiar más en lo que Dios les está enseñando.

Juan 12:4-6

Hay que tener cuidado con nuestras motivaciones. ¿Corregimos a los demás por su bien o para nuestro propio beneficio? Ejercicio: Piensa en tres personas que deseas ver cambiar. ¿Cómo deseas que cambien? ¿Esos cambios que esperas, los ayudarían a tener una mejor vida cristiana, a crecer en su relación con Dios, o te ayudarían a ti en tu comodidad?

Romanos 5:8

El amor de Dios es incondicional. Nos entrega su amor gratuitamente y ese mismo amor es el que nos transforma. Él no espera que cambiemos para amarnos, de lo contrario no habría esperanza para nosotros y la muerte de Cristo no tendría sentido.

Salmo 103:8-11

El perdón es la más bella expresión del amor de Dios, porque nos llena de confianza y nos da libertad.

Santiago 1:22-25

Ya que conocemos el amor incondicional, porque lo hemos recibido de Dios, debemos amarnos unos a otros de esa misma manera. Es muy fácil concentrarnos en la paja del ojo ajeno y criticar a los demás, para no tener que ocuparnos de la viga en nuestro ojo. Dejemos a un lado los prejuicios y los conflictos y aceptémonos unos a otros.

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