Isha, la mujer, se sentía bien consigo misma. Miraba su reflejo
en el espejo del agua y sonreía. Ni siquiera sentía la necesidad de
poner en orden sus cabellos, que el viento había revuelto.
Veía a
su alrededor y disfrutaba la variedad de seres vivos, animales de
distintos tamaños y formas, plantas de diferentes colores. Junto con el
hombre, su compañero, se deleitaba descubriendo los detalles de su mundo
y dándole nombre a cada cosa descubierta.
Entonces la serpiente le habló a la mujer…
La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer:
— ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?
—Podemos
comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. Pero, en
cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha
dicho: "No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán."
Pero la serpiente le dijo a la mujer:
—
¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de
ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios,
conocedores del bien y del mal.
La mujer cayó en cuenta de que no
era igual a Dios. Sus sentidos podían percibir las diferencias. Sabía
que no se parecía al hombre ni a Dios ni a ningún otro ser, pero en su
mundo nuevo y multicolor, eso era tan natural que no le despertaba
ninguna suspicacia. ¿Acaso no era lo normal ser diferente?
Pero
las palabras de la serpiente la hicieron dudar. Al compararse con Dios y
pensar, “tiene algo que yo no tengo”, se sintió incompleta,
insuficiente, insegura. ¿Por qué no era como Dios? ¿Qué le faltaba?
¿Cómo obtener eso?
La mujer vio que el fruto del árbol era bueno
para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir
sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y
también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron
conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de
higuera.
Ya Isha no volvería a pensar de sí misma como antes. En
el corazón de la mujer se instaló la duda para siempre. El espejo ya no
la inspiraba a sonreír, sino a estudiarse, a analizarse hasta descubrir
algún defecto, alguna carencia. Ya no se sentía cómoda con la idea de
ser diferente y no igual a otro ser. Exponer el carácter único de su
persona le causaba temor. Prefería esconderse tras hojas de higuera,
maquillarse, ocultar.
En mi corazón oigo la voz de Isha
preguntando dónde y cómo obtener el conocimiento del bien y del mal, la
sabiduría que me falta para ser como Dios. ¡Qué tarea tan inútil! ¡Si al
menos mi corazón terminara de comprender que ya tengo lo que necesito,
que el amor de Dios es suficiente y me hace completa!
Me miro en
el espejo y trato de no pensar demasiado. Pongo mi cabello en orden y
sonrío. Soy diferente, ¿y qué con eso? Si a Dios le agradó crearme así,
es porque Él creyó que así estoy bien. No necesito saber nada más…
LAS PALABRAS NOS DAN VIDA, NOS MOLDEAN, NOS DETERMINAN
Sobre este blog
Espacio dedicado a la adoración y la meditación sobre las Escrituras. Creado para honrar al primer amor de mi vida: Jesús. Aquí quiero mostrar las diferentes expresiones de devoción que me mantienen conectada con Dios.
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1 comentarios:
Excelente :D Si para Dios soy suficiente, para mí también :)
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